CO₂: un asesino silencioso

Uno de los temas que más salen a la luz a la hora de hablar de los daños hacia el medio ambiente es el de las emisiones de CO₂. El dióxido de carbono (CO₂) es un gas incoloro e inodoro cuyos orígenes son dos: naturales, es decir, que se encuentra en la naturaleza, y antropogénico, derivado de la propia actividad humana.

La actividad humana que produce mayores emisiones es la quema de combustibles fósiles, que pueden ser carbón, gas natural y petróleo. La quema de estos combustibles se utiliza, principalmente, para el transporte, la electricidad y en los procesos industriales.

En los últimos 800 años, el dióxido de carbono que había en el planeta oscilaba entre las 170 y 330 partes por millón (ppm), pero desde hace ya 170 años, ese porcentaje aumentó hasta las 415 ppm, causando daños irreversibles.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Una de las consecuencias más graves que tienen las emisiones del CO₂, junto con otros gases naturales (como el metano y óxido nitroso) y artificiales (gases fluorados), es que forman parte de los famosos gases de efecto invernadero, los causantes del calentamiento global desmedido y por ende, del cambio climático.

La reducción de estas emisiones es un tema prioritario a nivel mundial, ya que varios científicos han señalado que si la sociedad no rebaja sus índices de CO₂ en la atmósfera, los impactos y los riesgos serán muy agresivos, como por ejemplo:

  • Colapso de cosechas
  • Disminución de agua potable
  • Altos niveles del mar
  • Extinción de especies y ecosistemas enteros
  • Aumento de sequías, huracanes y tifones
  • Derretimiento de los polos
Imagen de Sarah N en Pixabay

Este problema no solo afecta al medio ambiente, también a las personas. Cuando la concentración del CO₂ es cercana a las 30.000 ppm, se puede empezar a sufrir de dolores de cabeza, somnolencia, mareos e incluso problemas respiratorios.

¿Qué se puede hacer para limitar las emisiones?

Aunque las grandes industrias son las principales responsables de las emisiones de CO₂, hay pequeñas cosas que todos podemos hacer. El primer paso es tener una conciencia ecológica y conocer sobre el impacto que tienen estos gases en la naturaleza. 

En segundo lugar, es buena buscar reducir el uso del coche privado, practicar una movilidad sostenible, asumir nuestra responsabilidad y acción en cuanto a la eficiencia energética y, lo más importante: hacer uso de energías renovables. 

Por último, pero no menos importante, se puede ayudar a plantar árboles para contribuir a la reforestación y también participar en campañas que apoyen al medio ambiente.

Escrito por: Juan Buendía, comunicólogo.

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