¿Estamos alcanzando el desarrollo sustentable?

El desarrollo sustentable, una meta que aún se ve lejos de alcanzar. 

En esta nueva entrada del blog abordaremos el concepto de desarrollo sustentable, y para entender la pregunta es necesario conocer un poco de la historia detrás del concepto.

La preocupación mundial por la protección ambiental adquirió mayor visibilidad en las primeras seis décadas del Siglo XX, mediante la paulatina publicación de múltiples artículos y libros que evidenciaban por un lado la necesidad de salvaguardar los recursos naturales disponibles, y por otro mostraban los daños provocados por la actividad humana, incluso presentaban el impacto ambiental negativo al ambiente y la salud, por la contaminación procedente de los procesos industriales. Pero además de las publicaciones, fueron las mismas catástrofes ambientales como la de Seveso, Italia, o la de Chernobyl en Ucrania, las que intensificaron la preocupación por atender los problemas ambientales.

En el desarrollo de acciones con carácter ambiental, es necesario prestar atención al primer Informe del Club de Roma “Los límites del crecimiento” publicado en 1972, el cual puso en alerta la crisis ambiental, en la cual interviene la explosión demográfica, la desigualdad social y la disponibilidad de recursos cada vez más amenazada. En él se expone que “nada puede crecer indefinidamente en un medio finito”, es decir que el hombre no puede crecer y consumir sus recursos, sin considerar que el planeta tiene un límite para proporcionarlos. Éste pensamiento surgió previamente en la “Tesis de los límites físicos al crecimiento económico y poblacional”, expuesto en la teoría económica clásica, siendo los planteamientos más relevantes los de Malthus y de Ricardo, los cuales expresaban que mientras la población se desarrollaba exponencialmente, la producción de alimentos lo hace en proporción lineal, por lo que, en un momento dado, los alimentos resultarían insuficientes, y los salarios llegarían a niveles por debajo del de subsistencia. Esto se relaciona con el concepto de “Capacidad de Carga” del planeta, que está definida como la carga máxima que la humanidad puede imponer de modo sostenible al medio ambiente antes de que éste sea incapaz de sostener y alimentar la actividad humana. En ése mismo año, se expuso que el concepto de “medio ambiente” debía incluir no sólo las cuestiones estrictamente ecológicas, sino también las sociales (Tamames, 1977). Con estos antecedentes se puso en evidencia la necesidad de reconocer que el planeta incluye al hombre y sus recursos no son de uso exclusivos del ser humano.

A partir de estas publicaciones y sumando a ello la presencia del movimiento ecologista de los años sesenta, aumentó la determinación de los países para tomar acciones ante un problema que cada vez se hacía más evidente; la ONU por ejemplo, creó también en 1972 el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), y en los años subsecuentes ha realizado convenciones que ponen en la mesa el tema ambiental, sin que ninguna de ellas hasta ahora haya impulsado de manera revolucionaria un cambio para mejorar la situación.

Finalmente hasta 1987 con la publicación del Informe Brundtland (También conocido como “Nuestro futuro Común”), se acuña el concepto de Desarrollo Sustentable y se define como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”, y es a partir de este hito en la historia de la causa ambiental, que la proclama de Sustentabilidad se levanta como la bandera más poderosa que ha promovido cambios al respecto.

Desde entonces, en cada generación han surgido diferentes movimientos que se alzan con la premisa de cuidar los recursos disponibles, para que las generaciones futuras puedan disfrutar de ellos, lo cual no precisamente es malo, considerando que estas posturas se centran en la acción humana, es decir que los recursos están disponibles en exclusiva para el ser humano. Y es lógico tomar acciones desde ese punto de vista, debido a que, quien en origen está ocasionando el problema es el ser humano.

Pese a esto, las estructuras tecnológicas y sociales que se construyen alrededor de esta idea prevalecen bajo el pensamiento de que se puede seguir consumiendo siempre y cuando se haga “con conciencia”. No obstante, esa conciencia no es suficiente para entender que los recursos que se consumen hoy en día han sido por mucho, superiores a los que realmente corresponden a cada individuo.

El siguiente ejemplo permitirá mirar la desigualdad tomando en cuenta sólo el rubro de recursos alimenticios: Considerando la disponibilidad de tierra cultivable per cápita (World Bank, 2020), en 1980 se tenía una disponibilidad de 0.27 ha/persona, para el año 2000 descendió a 0.23 ha/persona, en el 2016 era de 0.19 ha/persona y se prevé que para el 2050 sea de 0.11 ha/persona. Los datos revelan el detrimento de los recursos en función de las condiciones ambientales cada vez más severas y el aumento poblacional; pero esta información se vuelve más reveladora si se considera que para el mismo año 2050, los países desarrollados demandarán 0.50 ha/persona. Es decir, que necesitaran 4.5 veces más recursos de los que estén disponibles. Entonces bajo el esquema actual de consumo, es imposible garantizar la seguridad alimentaria en el futuro, y serán los más adinerados quién en su mayoría tomen los recursos disponibles para abastecerse.

Un ejemplo más se puede observar en el impulso que se da a las energías renovables, cada vez es más frecuente escuchar de la necesidad de migrar a estas y promover la descarbonización, y pese a los beneficios ambientales que pueden ofrecer en comparación con el uso de energías convencionales, las renovables son una opción para quién puede pagarlas ¿Y los que no pueden? Definitivamente seguirán utilizando leña para cocinar los alimentos porque es el único recurso que tienen disponible (Smith, 2020).

Hasta este punto, con toda esta información tal vez surja la pregunta ¿A qué conclusión se quiere llegar? Pues al hecho de que, al hablar de Desarrollo Sustentable, los esfuerzos se han centrado en acciones que siguen favoreciendo la explotación de recursos con el fin de mantener el estilo de vida privilegiado de unos cuantos, sin entender que el crecimiento económico no debe ser sinónimo de desarrollo. Es decir, no se puede considerar que existe un avance cuando la desigualdad social y económica siguen prevaleciendo. Basta con mirar las cifras publicadas por OXFAM en el marco del Foro Económico Mundial 2020, en donde 2,153 mil millonarios que hay en el mundo poseen más riqueza que 4,600 millones de personas (un 60% de la población mundial); y la brecha de desigualdad crecerá aún más en el futuro.

Así que es apremiante entender que nunca existirá sustentabilidad para el futuro, si no se logra sustentabilidad en el presente. Si no se comienza a equilibrar la balanza con los que ahora habitan el planeta, no parece congruente que se espere equilibrarla para los que aún no existen.

Es probable que los lectores que tengan acceso a leer este artículo disfruten de tener a la mano alimento, un techo bajo el cual dormir, un auto, un empleo, servicios básicos (agua, energía eléctrica, drenaje) e incluso una mascota, y que hoy por hoy estén accediendo a los recursos naturales para suplir las necesidades que genera el llevar ése estilo de vida; pero ésa realidad no es la misma que prevalece en la gran mayoría del planeta, es más… es una realidad inexistente para muchos que ni siquiera tuvieron la oportunidad de conocerla.

Iniciativas recientes como el dejar de consumir plásticos, disminuir los popotes o ser vegano, son totalmente carentes de sentido, si esas mismas personas que promueven estas iniciativas, disfrutan de 1 o más viajes en avión al año, y son las mismas que hacen cambio de guardarropa cada temporada, o consumen alimentos como harina, café, agua, u otros insumos básicos para cumplir retos virales propuestos en internet.

Es necesario entender que ser “eco” no es la solución, sino el ser congruente y dar visibilidad a la desigualdad mundial y dejar de formar parte de ella. No puede existir el desarrollo sustentable si hay desigualdad.

Por último, la invitación es a meditar en la siguiente pregunta ¿Aún crees que haces lo suficiente?

Artículo escrito por: Xochit, Asesor Ambiental de Grupo Promesa.

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